La suma de sedentarismo, uso excesivo de dispositivos electrónicos y falta de contacto con la naturaleza produce un coctel perjudicial para el bienestar físico y psicológico infantil. La insuficiente conexión con el medio natural es especialmente preocupante en entornos urbanos. Reanudar una rica relación con la tierra es asunto de todos, y la escuela puede jugar un papel esencial, para evitar una infancia enclaustrada.

La creciente urbanización y el estilo de vida moderno están alejando progresivamente a los niños y las niñas del contacto con la naturaleza, en un sentido amplio (de personas, animales, vegetales, minerales).
En los últimos 30 o 40 años los niños y las niñas han perdido amplios márgenes de libertad y autonomía porque las calles se han convertido en lugares por los que transitar (más que en espacios donde simplemente estar) y parecen llenas de peligros. Contaminadas y ruidosas, sin solidaridad vecinal ni lugares salvajes, las ciudades no resultan acogedoras para la infancia. Al mismo tiempo, existe una gran inquietud por su seguridad, así como por su capacidad de adaptación al futuro mundo laboral: las crecientes exigencias sociales y académicas pretenden evitar la amenaza de exclusión, en una economía globalizada que destruye los recursos del planeta y cada vez es más competitiva. Todo lo anterior mantiene a los niños recluidos en sus casas, escuelas y centros de actividades, casi siempre bajo la dirección de adultos, o abducidos y sobreestimulados por el resplandor de las pantallas.
Un estudio reciente de la Universidade do Minho (Portugal) asegura que los menores de 12 años pasan 76% de su tiempo sentados o acostados, sin que la actividad física que realizan (generalmente deportes organizados) sea suficiente para contrarrestar los efectos negativos del sedentarismo. Permanecer la mayor parte del día en espacios cerrados, rodeados de una realidad artificial, virtual y abstracta, privados de suficiente interacción directa, concreta y sensible con otros seres vivos (lo cual incluye también a sus iguales), podría ser la causa principal de muchos de los desórdenes físicos y psíquicos que aquejan a la infancia: falta de sueño, problemas respiratorios, miopía, alergias, obesidad, retrasos en el desarrollo sensorial y motor, trastornos del comportamiento o el aprendizaje, estrés y ansiedad. El organismo infantil en crecimiento es extremadamente sensible y delicado y se ve negativamente afectado por las condiciones ambientales (tráfico, polución atmosférica, etcétera) y por la imposibilidad de satisfacer sus necesidades de tacto, movimiento, juego y relación.
En cambio, según estudios de psicología ambiental, la mayor parte de esos síntomas mejora en contacto con el entorno natural, que les permite, además, desarrollar todas sus capacidades físicas, intelectuales, sociales, creativas, afectivas, etcétera.
Separados del mundo, los pequeños pierden su sentido innato de filiación con lo vivo y suelen desarrollar lo que David Orr denomina biofobia, es decir, aversión hacia un entorno que perciben como inerte, sucio y peligroso: les asustan los bichos, les da asco la tierra, temen sufrir un accidente si se suben a un árbol. Estos miedos, generalmente adquiridos, confirman y mantienen la necesidad de vivir separados del medio ambiente.
También padecen lo que algunos autores califican de analfabetismo ecológico: conocen más nombres de Pokémon (o de marcas comerciales) que de plantas y animales de su entorno local; si les preguntas de dónde viene la leche, responden que “del tetrabrik” e incluso perciben con más facilidad el sonido de los motores (y son capaces de identificar de qué vehículos proceden) que el silbido del viento.
A veces, huyen de unas enseñanzas sobre ecología y medio ambiente que en lugar de acercarlos a la naturaleza los alejan aún más, porque utilizan la tecnología, como único soporte, y discursos francamente catastrofistas que los asustan y los deprimen. “¿Cómo vamos a salvar la tierra, con lo mal que la estamos tratando?”, se preguntan desconsolados.
En estas condiciones, algunos autores como Cris Rowan cuestionan que la educación que reciben los chavales de hoy sea la más adecuada: “¿Podrá la futura generación desarrollar todo su potencial? ¿Será capaz de satisfacer sus necesidades? ¿De hacer frente a los desafíos? ¿De crear relaciones sociales sólidas y satisfactorias?”

Escuelas sin paredes
La escuela se identifica habitualmente con el edificio que la contiene, un inmueble cerrado al medio natural y social que lo rodea, con grandes ventanales, largos pasillos en los que se distribuyen las aulas y un patio encementado, rodeado de un muro o de una verja. Sus características determinan, y ayudan a reproducir, un tipo de aprendizaje intelectual, abstracto, bisensorial (basado en palabras, imágenes y esquemas), descontextualizado, segmentado, dirigido desde fuera, centrado en los resultados, con cadencias rápidas y estandarizadas, así como con formas de convivencia basadas en la autoridad, la jerarquía y la disciplina externa.
La de hoy es una escuela pensada tradicionalmente para domesticar a la infancia salvaje de principios del siglo pasado, mientras que los hipercivilizados niños y niñas de hoy necesitan con urgencia poder moverse libremente, jugar con espontaneidad, mojarse, tocar, mancharse, subir a los árboles, escalar, esconderse, explorar un territorio, seguir rastros, hacer mapas, encontrar atajos, descubrir tesoros, construir refugios y fuertes, cazar, pescar, crear pequeños universos imaginarios, cuidar y cultivar plantas y animales, descubrir misterios y vivir aventuras… Actividades que los cachorros de Homo sapiens han venido realizado espontáneamente a lo largo de cientos de miles de años. Además, no siempre se ha enseñado y aprendido en interiores. Desde la más remota Antigüedad, árboles, bosques y otros espacios naturales han ofrecido inmejorables escenarios para el crecimiento humano, personal y social. Durante siglos la naturaleza ha sido nuestra mejor maestra.
Conscientes de esta riqueza y de las acuciantes necesidades de la infancia de hoy, países europeos como Alemania, Escocia o Dinamarca están empezando a transformar sus sistemas educativos con el objetivo de impartir todo el currículo de infantil, primaria y secundaria, en bosques y otros espacios verdes.
Muchas escuelas, también en nuestro país, eligen instalarse directamente en el medio natural: convierten sus patios en huertos, jardines, bosques y granjas; sacan las aulas al aire libre; llevan seres vivos y materiales naturales a las clases; aprovechan los espacios verdes o las granjas y las explotaciones agrícolas de su entorno para fomentar el bienestar y el aprendizaje de sus alumnos. Las posibilidades son infinitas y, generalmente, muy beneficiosas por humildes que sean: cuidar unas plantitas o unos pollitos, colocar un banco a la sombra de un árbol situado al otro lado de la verja del patio, para que los alumnos pueden charlar y descansar, salir a estudiar los tipos de hábitats a la dehesa cercana, etcétera.
Poco a poco, niños y niñas empiezan a construir una conciencia más amplia de sí mismos, no de individuos aislados, sino de seres vivos en relación de interdependencia con los demás, inmersos en una “red de vida” que teje y conecta todo con todo, y en la que tan importante y necesaria es la araña como el océano, y en la que todas las criaturas merecen idéntica dignidad y respeto.

Educar en tiempos revueltos
En estos momentos, la educación parece haber reducido su finalidad principal —y, desgraciadamente, no sólo para los legisladores— a la inserción de las futuras generaciones de trabajadores y trabajadoras —los actuales alumnos y alumnas— en un voluble y arbitrario mercado laboral, de cuya agresividad y nivel de exigencia dependerá la competitividad de las naciones. Las matemáticas, el inglés o la informática, practicadas de la forma más tradicional y eficiente posible, aparecen como los únicos valores seguros, en un mundo en crisis. Pero el tipo de conocimientos y destrezas que las personas necesitan adquirir para desenvolverse en una sociedad, varía mucho según las culturas y los momentos históricos.
En la famosa carta que los jefes de las Seis Naciones (tribus indígenas de América del Norte) dirigieron al gobierno de Virginia, durante el tratado de Lancaster (1744), declinaban amablemente la invitación de enviar a sus hijos a estudiar en una universidad americana, argumentando que su idea de la educación era muy distinta de la de los “hombres blancos”: “[La última vez] nuestros jóvenes volvieron a sus casas siendo pésimos corredores, con un absoluto desconocimiento de la forma de vivir en los bosques, incapaces de pasar frío o hambre, construir una choza, cazar un venado o matar a un enemigo. Hablaban mal nuestro idioma y no estaban hechos para ser cazadores, guerreros ni consejeros. No servían para nada”.
La escuela actual, excesivamente academicista, está pensada para “formar a profesores de universidad que utilizan sus cuerpos para transportar sus cabezas”, ironiza el escritor inglés Ken Robinson. No tiene en cuenta la (bio)diversidad de formas de inteligencia humana (posiblemente tantas como personas) ni la de ocupaciones y culturas. La casi total ausencia de actividades manuales, por ejemplo, indispensables para el equilibrio general de las competencias, pone en peligro el desarrollo integral de los alumnos y aboca, a muchos de ellos, a un estrepitoso fracaso, con la consiguiente pérdida de autoestima.
Para que nuestros alumnos sean capaces de enfrentar los desafíos y los cambios drásticos que, muy probablemente, les presentará la sociedad del futuro, deberíamos integrar, con urgencia, otro tipo de competencias, como señala la educadora escocesa Claire Warden: “Necesitamos desarrollar y transmitir conocimientos que nos ayuden a llevar vidas sostenibles”, es decir, existencias sencillas, equilibradas, capaces de satisfacer sus necesidades con un mínimo de recursos y, especialmente, de residuos, responsables y respetuosas con el medio ambiente, los demás seres vivos y las generaciones futuras.
También los teóricos de la llamada “Economía para la Transición", como Jonathan Dawson, encuentran imprescindible establecer lazos más estrechos y saludables con la tierra, el entorno local y la comunidad de vida cercana, si queremos asegurar el futuro del planeta y de nuestra especie. Habilidades de subsistencia, como cultivar un huerto ecológico, reciclar y reparar materiales, utilizar energías renovables; sociales, como trabajar en red, facilitar grupos, negociar, resolver conflictos, y económicas, como crear y organizar sistemas de intercambio y financiación complementarios (monedas locales, bancos de tiempo, microcréditos, etcétera) que podrían favorecer la resiliencia de los grupos humanos frente a las cada vez más profundas e impactantes crisis del capitalismo financiero, y contribuir al proceso de cambio hacia un modelo que hunda su raíz en un entorno local, más ecológico, social, comunitario y biodiverso.

Cuidar y valorar la tierra
El aprendizaje de la sostenibilidad, del respeto hacia todos los seres “sintientes” y, en definitiva, de una nueva relación con la tierra, no puede residir exclusivamente en el conocimiento intelectual. Es preciso apoyarse sobre la base afectiva de amor y empatía hacia el resto de las criaturas con la que venimos al mundo todos los seres humanos. Algo que, desde nuestra más tierna edad, nos impulsa a buscar, para jugar y relajarnos, la compañía de animales y plantas, a soñar con ellos o a preferir los espacios abiertos, naturales, con agua y árboles, más que los entornos construidos.
Esta tendencia innata de vincularnos positivamente con la vida y con los procesos vitales tiene su origen en la necesidad de supervivencia de la especie, y puede (o no) ser fomentada por la educación y la cultura. Así, los estudios de las biografías de personas que han dedicado su vida a la defensa del medio ambiente demuestran que las vivencias infantiles tempranas, de contacto y armonía con la tierra, son determinantes para el desarrollo de una sensibilidad ecológica.
El cuidado y la estima son la expresión activa de una sensibilidad que nos lleva a conectar con la naturaleza y a valorar todo lo que aporta a nuestras vidas en lugar de mantenerlo oculto, simplemente porque no se le suele asignar un valor económico. Empezar a visibilizar y a valorar toda la riqueza y la prosperidad que representa la biodiversidad vegetal, animal y humana es nuestra mejor garantía para un presente y un porvenir más amables para todos.

Para saber más
  • Corraliza, José A. y Silvia Collado (2012), Naturaleza y bienestar infantil, Coruña, Hércules de Ediciones y Fundación As Salgueiras.
  • Dawson, Jonathan, Ross Jackson y Helena Norberg-Hodge (2012), Economía de Gaia. Vivir bien dentro de los límites del planeta, Teruel, Ecohabitar.
  • Louv, Richard (2012), Volver a la naturaleza, Barcelona, RBA.
  • Warden, Claire (2010), Nature Kindergartens, Edimburgo, Mindstretchers.
Publicado recientemente en El Mundo de la Educación Mx: http://elmundodelaeducacion.mx/revista/posiciones/item/cultivar-el-amor-por-la-vida

Estimadas lectoras,
muy pronto en Ciudad Real, la Asociación educativa Madreselva organiza un taller sobre pedagogía verde. Parece que aún quedan algunas plazas.
Nos vemos allí?
Un abrazo
Estimadas lectoras,

En los últimos meses, debido a la gran afluencia de mensajes que recibimos, hemos tenido algunas dificultades para responder a todas vuestras consultas sobre el Curso Superior de Pedagogía Verde que tendrá lugar en Madrid de octubre a junio.
Con el fin de aclarar todas tus dudas y preguntas de manera que todo el mundo se beneficie de ellas, hemos decidido organizar una pequeña presentación vía internet el próximo miércoles 12 de septiembre a las 19:00 horas.
Haré una breve síntesis de los objetivos y el enfoque del programa, responderé a las cuestiones que nos enviéis antes de la fecha (si hay algo que quieras que tratemos  por favor háznoslo llegar a secretariaheikefreire@gmail.com) y después pasaré la palabra a todas aquellas personas que lo deseen.

Para participar solo tienes que dejar tus datos aquí y recibirás un correo con la dirección de conexión.

Nos vemos el próximo miércoles!

Abrazos


Queridas lectoras,
Muy pronto en Petrer (Alicante) hablaremos sobre cómo transformar los patios escolares en espacios llenos de vida. Una actividad organizada por la Asociación Brotanto, para una crianza y una educación respetuosas. 
Será un placer conversar y compartir con vosotras!


Queridas lectoras y lectores,

Numerosas investigaciones confirman que las características del entorno y los espacios escolares influyen decisivamente en las actitudes y comportamientos, de los niños, niñas y jóvenes. 
El contacto con la naturaleza minimiza los factores de estrés que soporta la infancia de hoy: aumenta su bienestar, favorece un desarrollo saludable, estimula los procesos cognitivos, facilita la regulación emocional, reduce los conflictos y fomenta la resiliencia. Además, ofrece amplias oportunidades de motivación y aprendizaje, en todos los ámbitos del conocimiento, construye la inteligencia naturalista y crea conciencia ecológica.
También los adultos nos sentimos mejor al aire libre : conectamos más fácilmente con nosotras mismas, con nuestras motivaciones y recursos.   Aprendemos a mirar a nuestras alumnas y alumnos de otra forma, les descubrimos nuevas capacidades..y encontramos lo positivo de aquello que en el aula nos parecía inadaptado…

Las maestras y profesores que lo han experimentado, saben que educar con la naturaleza facilita enormemente la tarea educativa. Para acompañarte en esta transformación, hemos creado el Curso Superior de Pedagogía Verde, una formación que te permitirá familiarizarte con los principios, las estrategias y herramientas más adecuadas.

El plazo de inscripción en esta formación presencial que se desarrollará de octubre de 2018 a junio de 2019 en Madrid, termina dentro de 20 días. 
Si aún no tienes el folleto con toda la información, te lo puedes descargar  haciendo click en este link:

http://eepurl.com/dybz21 

Si tienes cualquier duda sobre el proceso de selección, el contenido del curso o las modalidades de evaluación y aprendizaje puedes escribir a: secretariaheikefreire@gmail.es



Un abrazo

Estimadas lectoras,
el próximo mes de octubre volveré a Olot (Girona) para acompañar un taller sobre Infancia y tecnología con el título: Crisis y oportunidad para recuperar el bienestar.

Cada vez sois más las familias, madres y padres, pero también educadoras y escuelas, las que reclamáis información y una mayor conciencia en la forma en que los adultos, conjuntamente con niñas, niños y jóvenes, gestionamos los dispositivos que, literalmente, han invadido nuestras vidas.

Sois muchas y muchos las que sentís un cierto malestar cada vez que veis a las criaturas "enganchadas a una pantalla". Muchas a las que os preocupa la forma de abordar el problema sin que se convierta en un conflicto o en una auténtica batalla. Las que pensáis que aunque resulta difícil mantenerse al margen del "universo tecnológico", al menos es posible aprender a utilizarlo con inteligencia, sin perder nuestro poder y nuestra capacidad de decisión sobre nuestras vidas.

Este taller es una invitación a compartir emociones, preocupaciones... y a elaborar juntas estrategias para aumentar el bienestar y mejorar la convivencia en familias y escuelas.
¿Nos acompañas en Olot?



Queridas lectoras y lectores,

Desde hace varios años, muchas de vosotras me escribís regularmente preguntando cuándo organizo una formación en profundidad sobre Pedagogía verde. Un sueño vuestro y mío que se va a hacer realidad el próximo curso. Con mucha ilusión estamos cerrando los últimos detalles de esta aventura. Si deseas recibir toda la información muy pronto, puedes dejar tus datos clickando aquí:
http://eepurl.com/dybz21
Un abrazo

Querida lectora,
la tenacidad de una mujer que es a la vez madre y maestra no tiene límites...
Un pequeño grupo de estos seres amorosos, cálidos y al mismo tiempo implacables -:)))!!! se han empeñado en que facilite uno de mis talleres: Crecer en el amor por la tierra en Ontinyent (Valencia), y me parece que lo han conseguido.
¿Te animas a dar la bienvenida al otoño en este bello rincón de Valencia?. Te esperamos con los brazos abiertos...





Queridas lectoras,
el próximo sábado, en Valencia, ofrezco un taller para la Asociación de maestros AMESTI con quienes ya he coincidido en otras ocasiones.
Esta vez vamos a profundizar en el conocimiento de los elementos naturales. Exploraremos la forma en que contribuyen a madurar y desarrollar los sistemas orgánicos de las criaturas, y compartiremos algunas ideas para hacerlos presentes en los espacios y ambientes destinados a la infancia.
¿Nos vemos en Valencia?
Un fuerte abrazo


Queridas lectoras,
Nada es más humano que la necesidad de pertenecer, ni más importante que la capacidad de tejer vínculos saludables. ¿Verdad? 
Y aunque resulta evidente a todas luces, nuestra relación con la tierra no ocupa el lugar que le correspondería ni en nuestra cultura ni en nuestra conciencia. 
Por eso es fundamental recuperar el vínculo, cultivarlo: para favorecer nuestra salud, nuestra alegría, la plenitud de lo que somos...y para acompañar el crecimiento de las criaturas desde esa raíz común.

Cada vez que facilito este taller me maravilla la intensidad de las vivencias de las participantes, y me fascina la forma en que grupos de personas, generalmente desconocidas, comparten sensaciones, emociones y experiencias íntimas que dan sentido a lo que realmente somos.

Una vez más, con el verano recién estrenado, llenas de luz, calor y pasión por la vida en Este planeta, nos reuniremos en un precioso rincón de la sierra de Madrid. ¿Nos acompañas? Facilidades de alojamiento para las que vengáis de fuera.





Escribo estas líneas desde Olot (Girona), donde participo en una residencia-encuentro de profesionales sobre innovación educativa, todas mujeres. Hace unos días, mientras me preparaba para facilitar un taller, de nuevo dirigido a un público exclusivamente femenino, me enteré de la sentencia en el juicio a la jauría. Y digo jauría porque la idea de manada es otra cosa: una comunidad de cuidado y respeto formada por individuos de distintos sexos y edades que conviven, se ayudan, se protegen, juegan y se desplazan juntos. Hace tiempo que utilizo ese término para referirme a la necesidad que tienen niños y niñas de relacionarse, sin la continua mediación de los adultos, en un grupo heterogéneo de edades. Y me molesta la confusión. La palabra jauría se acerca mucho más al tipo de grupo que formaban los agresores: según indica el diccionario, es un conjunto de perros que participan en una caza dirigidos por un humano, o de personas que se manifiestan furiosamente y con peligro para otras. 
El lenguaje es una pieza fundamental del pensamiento, por eso conviene utilizarlo correctamente. Pero, en los medios de comunicación, las redes sociales…y las conversaciones indignadas con la sentencia, seguimos empleando la palabra manada una y otra vez, para referirnos a los cinco hombres que violaron a María hace dos años, en Pamplona. Me preocupa que con este término podamos estar aceptando, aunque sea inconscientemente, que una violación es un fenómeno natural, un impulso biológico de la naturaleza masculina. Incluso, como han pretendido algunos biólogos, un mecanismo adaptativo mediante el cual, los machos que no pueden perpetuar su semilla por los cauces socialmente aceptados, aseguran la continuidad de sus características genéticas…
En Contra nuestra voluntad (1975), la feminista americana Susan Brownmiller, ofrece una visión radicalmente distinta de la violencia sexual, como un hecho cultural escasamente vinculado al placer o la gratificación, y mucho más relacionado con el intento de perpetuar el poder patriarcal. Según esta autora, la violación está en la base de un proceso de intimidación social, tanto como individual, por el cual las mujeres aprendemos a tener miedo de los hombres y a darles gusto. Una especie de teatro donde se afirma la superioridad del macho y se asegura la dominación psicológica de lo masculino sobre lo femenino.  
Que, como la de María, la mayor parte de las violaciones se planifiquen con antelación, invita a descartar la falacia naturalista basada en una supuesta provocación femenina o en una excitación súbita e incontrolable de la energía sexual masculina…Para reforzar su tesis cultural, Brownmiller afirma en la misma obra que la violación no existe en todas las sociedades humanas, y es un fenómeno raro en el mundo animal. En el caso de los mamíferos, por ejemplo, las hembras rechazan con agresividad a los machos, y solo aceptan el coito durante la ovulación. Entre los caballos, y otros animales, este tipo de actos tienden a producirse cuando las crías no han podido satisfacer sus necesidades básicas, o son apartados de su entorno natural, estabulados y hacinados. Curiosamente, poco después de que se popularizara el planteamiento feminista, varios zoólogos, todos ellos varones, encontraron casos de violación entre los ciervos, los orangutanes, los patos, los peces y las moscas… Con esta, casi grotesca controversia, queda al descubierto la influencia de los prejuicios del investigador en sus hallazgos, así como el uso tendencioso (ya sea voluntario o involuntario) de la biología para naturalizar, y por lo tanto justificar, determinados comportamientos humanos. Trasladar ideas y sentimientos propios de nuestra especie, para observarlos en el mundo animal, plantea numerosas dificultades epistemológicas. Pero incluso si pudiéramos superarlas, la gran diversidad de ejemplos que, en todos los aspectos, nos ofrecen las otras especies, tal vez simplemente nos esté incitando a comprender que lo más importante no es lo que somos sino lo que queremos ser. 
Nuestra capacidad para simbolizar mediante el lenguaje, el arte y el pensamiento, es una prueba de nuestra doble naturaleza que se despliega desde la biología, pero es modelada por la cultura.. Para generarla y, sobre todo, transmitirla disponemos,  entre otras cosas, de una extraña actividad social, plenamente nuestra, que denominamos educación.

Un discurso sobre la sexualidad

María, otra María, tiene siete años y sus padres acaban de cambiarla de colegio. Hasta hace unas semanas, acudía a un centro concertado en cuyos lavabos, dos compañeras de su misma edad, perfectamente encantadoras, la forzaban a introducir el mango de la escobilla del water por el ano y la vagina. Después, bajo la amenaza de volver a hacerlo, la chantajeaban para conseguir diversos privilegios, dulces, regalos o ir a jugar a su casa. Hasta que sus familias lo descubrieron. ¿Cómo explicar este comportamiento inaudito en niñas tan pequeñas?. Charo Altable, especialista en temas de género y educación sexual, no pareció excesivamente sorprendida con el relato. Me explicó que en sus talleres suele preguntar, incluso a alumnos de tercero de primaria, si saben qué es la pornografía: prácticamente todas las criaturas afirman haberla visto en alguna ocasión…. Pero lo más inquietante es que, en la mayoría de los casos, lo han hecho acompañadas de algún familiar: un hermano mayor, un primo, un tío…
Aunque es uno de los productos de entretenimiento estrella (con más visitas, en sus principales webs, que en todas las de mayor audiencia juntas), un negocio muy lucrativo que crece rápidamente en todo el mundo (unos 97 billones de dólares, según las estimaciones), la pornografía está rodeada de un espeso halo de silencio. Es un auténtico tabú del que apenas puede hablarse, menos aún vinculada a la infancia y la educación. 
Desde hace tiempo, se ha convertido en un ritual de iniciación sexual para muchas personas. Es un auténtico texto alfabetizador, una completa programación didáctica que acompaña las (primeras) experiencias afectivo-sexuales de millones de (pre)adolescentes, jóvenes y adultos;  muchos de ellos confiesan que esas imágenes les dan ideas para experimentar en sus relaciones personales
La pornografía despliega un discurso sobre los cuerpos, sus formas y sus usos para conseguir un tipo de emoción física que llamamos excitación. Promete un Placer mentalmente anticipado, condicionado, vinculado al poder y, por regla general, vivido de forma individual, e incluso culpable. Sus imágenes contienen toda una teoría de la sexualidad: explican qué es y cómo practicarla; muestran las premisas, las condiciones, los gestos, los movimientos…modelan una mecánica adictiva del deseo separado de la intimidad, la afectividad y la noción de compartir. Ponen en escena las características de la feminidad patriarcal: objetualización, pasividad, sumisión, dependencia, despojo…, y promueven una imagen estereotipada del cuerpo que afecta tanto a la construcción de la líbido como a la identidad y la autoestima. 
Cuando otra María se mostró desnuda por primera vez, frente a su novio, éste no pudo disimular su decepción: Pero…Las tetas no son así ¿verdad?. Acostumbrado a estimularse con la fisionomía de las actrices, el joven apenas podía excitarse con otras formas…¿Tiene la pornografía algo que ver con la cirugía de senos y genitales a la que muchas mujeres están dispuestas a someterse, con tal de verse deseables…?
En la era del hipersexo, la industria del porno perpetúa una visión machista de las relaciones que, sin embargo, se  enmascara bajo conceptos como diversión, libertad o  incluso empoderamiento.

Entre lo real y lo virtual
También en la violación de María puede rastrearse la influencia de la pornografía: la planificación, la agresión en grupo, el tipo de víctima, su pasividad inducida, las prácticas, los gestos, las grabaciones…
Algunos párrafos de la sentencia que se ha difundido a través de los medios, parecen inspirados por la dificultad para empatizar con el sufrimiento de la víctima. Ven en los videos a un grupo de personas practicando actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo; identifican a una mujer madura que de manera autónoma ha elegido mantener relaciones no convencionales, en una sociedad avanzada que ha alcanzado un considerable grado de libertad para autodeterminarse sexualmente… 
Numerosos estudios explican cómo, al alterar la bioquímica del cerebro y su sistema de recompensas, la pornografía es fuertemente adictiva. Su uso continuado genera una especie de confusión entre la realidad y la ficción. 
Comentando los mensajes que recibe habitualmente de sus admiradores, una conocida actriz porno no pudo ocultar su asombro: se creen que lo que hago es verdad, que disfruto en el plató, con ese tipo de relaciones…Les cuesta comprender que estoy actuando. 
En los casos extremos, la pornografía termina convirtiéndose en un sustituto que permite llenar un vacío: el de la ausencia de experiencias reales. Sus efectos dañinos sobre la calidad de la vida y las relaciones empiezan a ser estudiados: las y los jóvenes que consumen pornografía es más fácil que compren o vendan sexo, que sean víctimas de abusos y violencia sexual, que desarrollen adicciones…

Falta también una educación afectivo-sexual vivencial, consciente, desenfadada, sin moralina e integrada en la vida. Que vaya más allá de la explicación del aparato reproductor y los métodos anticonceptivos. Además de buscar responsabilidades allí donde están los beneficios: que quienes contaminan y se lucran con negocios tóxicos, al menos paguen sus consecuencias.





Muy pronto en Valencia...