BAJO EL DOMINIO DEL RIO NEGRO

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He conocido recientemente a Concha López Llamas, en la presentación de Educar en verde en Madrid. Ella es bióloga y educadora, muy comprometida con el medio ambiente. Recientemente ha publicado su primera novela, un canto a la naturaleza, a la vida y a la tierra. Amablemente se ofreció a presentarla en el blog. Esta es la portada del libro y a continuación os copio el texto que me ha enviado: 

 ¿Por qué siento el río Negro como la prolongación de mi arteria aorta?,  ¿por qué hablo de él como de un amante?,   ¿qué me hace adentrarme, cuando la vida aprieta, en mi monte de robles de la Carballeda, para caminar por senderos de corzos y de lobos, aunque me encuentre a cientos de kilómetros de allí?; y, como contraste ¿por qué tantos millones de seres humanos eligen el asfalto para deambular por ciudades contaminadas?
Esas preguntas, y algunas más, me hacía antes de comenzar a escribir esta novela. Conocía las emociones que me despertaba mi tierra zamorana y el descanso que me procuraba, aunque no terminara de entender las razones que me llevaban a ello. No sólo la belleza del entorno podía ser la causa desencadenante ¡Hay tantos lugares aún más bellos! Entonces, ¿por qué tanta admiración?,  ¿qué me llevaba a defenderlo cuando otras personas pretendían acabar con su equilibrio natural?
Las respuestas surgieron cuando terminé de escribirla. Ni siquiera durante el proceso fui capaz de verlas. La lectura global me mostró lo que buscaba. Amaba a esa tierra tanto como a mi persona porque formaba parte de ella. Desde niña había ido desarrollando vínculos emocionales con el monte y con el río que se fueron fortaleciendo conforme mi vida, en el tiempo de vacaciones, se desarrollaba en ellos.
Entre las ramas de los robles, alisos y salgueras y sobre las aguas, tan oscuras como limpias, del Negro, había ido dejando pedazos de mí. Mis señas de identidad.
No se puede defender lo que no se ama y no se ama lo que no se siente.
La Tierra está perdiendo una buena parte de las especies que la pueblan. Los seres humanos se encargan de ello. Los mismos que, de niños, no han conocido más suelo que el asfalto de las urbes y más árboles que los que habitan en parques bajo boinas de contaminación. Estas personas, criadas y formadas en entornos asfixiantes, tienen especialmente bloqueado su instinto natural. El que les permitiría proteger la naturaleza como acción primordial para protegerse a sí mismos.
La conciencia de que cada ser vivo, incluidos los humanos, formamos parte de un todo, se adquiere muy poco a poco. Día a día. Cuando de niña recorres emocionada,  de la mano de tu abuelo, la vereda de un río; mientras las hojas movidas por el viento hacen guiños de luces y sombras a tu primera mirada enamorada; en el tiempo que descubres, para tu hija, la vida en las grietas de una peña; o cuando empatizas con el árbol quemado que rebrota bajo las cenizas, para asegurarte de que tu también resurgirás de la desgracia.
Sólo las emociones surgidas del contacto con la naturaleza pueden revertir la tendencia que amenaza la vida que conocemos en el Planeta. Por delante incluso del conocimiento científico que define su mal.
Todas las personas tenemos la responsabilidad de que la humanidad del siglo XXI vuelva a conectar con el entorno natural del que procede. Desde la escuela, desde la familia, desde el quehacer individual, desde el trabajo colectivo.
“Bajo el dominio del río Negro. Mirada interior de una naturalista” es una novela plataforma desde la que alzo la voz para defender los ecosistemas de la Tierra, la existencia de entornos donde la vida se exprese para beneficio de todos. Desde los tiernos recuerdos de Mari Conchi, la niña atrapada por historias de lobos que llenaban de misterio su monte de robles; desde las reflexiones de Conchi, la adolescente que atraviesa a solas la línea verde que delimita el bosque para hacer de su capa un sayo, liberándose de ataduras sociales y familiares; desde la mujer bióloga que utiliza el lenguaje científico para profundizar en el conocimiento de las especies con las que ha compartido la vida; desde la madre, que busca la magia del robledal para emocionar a su hija María; y desde Concha, la mujer madura que, agradecida a la vida, defiende su territorio de la energía nuclear junto a miles de personas que como ella quieren disfrutar de la tierra libre de radiación, incompatible con la existencia.
Las emociones no debilitan al ser humano. Son el sustrato sobre el que crece, como lo hace la vida sobre un suelo fértil.
Ojalá que “Bajo el dominio del río Negro” sirva para que cada lector o lectora reviva sus emociones  surgidas en el medio natural, reforzando, con ello, su vínculo con la madre Tierra.
Gracias Concha!!!


Heike Freire

Pedagoga

"Quien se aleja de la naturaleza, se aleja también de sí mismo. Jamás podrá beber el agua fresquísima que mana de su fuente más íntima". Friedrich Nietzsche.

1 comentario:

  1. Gran libro de mi Gran Amiga Conchi. Os recomiendo a todos que lo leáis, os enamorará.

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