Dos días en la escuelita del bosque Svend Gønge

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Eulalia Martí, alumna y compañera de Barcelona, ha tenido la suerte de visitar este verano una escuela en el bosque danesa. ...Y la generosidad de compartir con nosotras su experiencia.
Un millón de gracias Eulalia!

Con estas imágenes, que valen más que mil palabras, quiero compartir mis impresiones de los dos días que estuve en la escuelita del bosque Svend Gønge, en Dinamarca. 
Antes de salir corriendo hacia el bosque todos los niños y educadoras se reúnen debajo del gran árbol de la entrada. Cada día hacia las 10 de la mañana, van al bosque, a veces todos juntos a veces solo los mayores o solo los pequeños. En Svend Gønge hay alrededor de 30 niños y niñas de 3 a 6 años.

Nos sentamos a reponer energías después de haber jugado un ratito entre árboles y helechos. Compartimos los bollos que han horneado los más madrugadores, que van llegando a la escuelita a partir de las 6 de la mañana. Mientras una de las educadoras unta los panes con mantequilla, cantan ada a mí, es algunas canciones: una dedicada a mí, la canción de la escuelita, donde describen lo bien que se lo pasan jugando todo el día en el bosque verde, con ramas y agujeros… Oímos graznar un cuervo y al cabo de un rato, ¡vemos saltar un esquirol! Yo parezco la más impresionada con los dos eventos, para los pequeños, es parte del día a día. Hoy nos hemos sentado en círculo, otro día las esterillas formaban un cuadrado, así vamos aprendiendo/vivenciando geometría, que es el tema de la semana. La semana que viene el tema será la cosecha, y la escuelita participará con los agricultores vecinos en la cosecha y elaboración de distintos productos: manzanas, remolachas, cereal,… 

En las 18 hectáreas de bosque con las que cuenta la escuelita, hay distintos puntos que los niños ya se conocen. Éste es el puente, “broen”, que construyeron con la ayuda de los boy scouts. Otro lugar lo llaman “las tres hayas”, por los tres grandes árboles que hay; otro es “la rampa” porque en invierno es genial bajarla en trineos de nieve. Algunos lugares son mejores que otros cuando llueve o hace viento porque están mas protegidos. Si no hay propuestas específicas de los niños, procuran ir al mismo lugar durante una semana seguida de manera que los jugos puedan tener una continuidad. El bosque da para mucho. Aquí esta niña de no más de 4 años ha construido una casa con unos cuantos troncos y se la enseña orgullosa a su amigo. Para dejarle entrar levanta uno de los troncos del tejado a modo de puerta.
Trabajar la madera con navajas es otra de las actividades que hacen los niños y niñas que lo desean durante la mañana. En un momento dado hay 8 pequeños ocupados con esta tarea y 2 que se esperan a que quede algun cuchillo libre. Uno de ellos, durante la espera, utiliza un palo a modo de cuchillo. Cuando una de las educadoras comenta lo gracioso de su ocurrencia, él dice convencido: “Es bastante afilado!”.
No puedo decir más que “¡vaya gozada!” ver los niños y niñas integrados en la naturaleza de esta forma! La proporción de juego libre y actividades dirigidas es de aproximadamente el 50%, según me cuenta Jette, la directora. Lo que se procura es “aydarles a jugar” dice, es decir, “que a traves del juego, desarrollen empatía, responsabilidad, perseveranza,… aptitudes sociales y personales”.

Kit, una de las educadoras vio que unos niños trasteaban grandes troncos arriba y abajo. Se apuntó a echarles una mano y acabaron construyendo esta fantástica cabaña. Svend Gønge es una escuelita pública y cuentan con 4 educadoras fijas, una de soporte y una estudiante en prácticas.


Pero, no todo son flores y canciones en una escuelita del bosque, los palos también se convierten en escopetas y bazucas.  


También hay quien descarga su agresividad cavando agujeros o picando piedra.
El niño de azul me dice, muy tierno: “Yo todavía no se subir”, mientras el otro niño me acaba de dedicar una demostración de agilidad todo orgulloso. Cuando pregunto a Jette, la directora, como manejan el tema del trepar árboles, si les ponen algún límite o les dan algunas instrucciones antes de subir, por ejemplo… me dice que depende de la educadora: “Yo sé que puedo escalar hasta 3 metros, así que les dejo subir hasta allí. Kit sabe escalar hasta los 6 metros, así que si es ella la que está a cargo, pueden subir más alto” y sonríe.

De vuelta al “campo base”, hacia mediodía, aprovechan para jugar un poco con las matemáticas. “¡Los primeros 5 que hagan 10 pasos adelante!.... ¡ahora los siguientes 5!”. En la cola de la caravana hay el carrito con el que hemos transportado las esterillas, la caja de herramientas con los cuchillos, las botellas de agua de todos los niños, te caliente para los mayores y la ropa que a los niños les ha ido sobrando. Yo tengo las manos y los pies helados, pero el corazón caliente.
Son estos dos pequeños edificios sencillos pero acogedores. Hay una sala donde se cambian y dejan la ropa; una sala con cuentos, algunos juguetes, una mesa y banquitos, una pecera, algunos animales disecados…; una pequeña cocina donde se hacen los bollos por la mañana; una sala para las siestas; un pequeño despacho y no mucho más. Me explica Jette que el invierno pasado pasaron dentro de estas instalaciones solamente 2 tardes de realmente mucho frío, el resto del tiempo, llueva, nieve o haga viento, es outdoors.
Tienen la suerte de disponer de este fantástico lavuo, una tienda tradicional de los samer, el pueblo que habitaba el norte de Suecia, Noruega y Finlandia. Es tremendamente acogedor y confortable. Aquí pasan algunos días lluviosos y una vez al año ponen paja y pieles de oveja en el suelo y se quedan a dormir en él.
La comida tiene lugar hacia las 12h, cuando regresamos del bosque. Cada niño trae su “madpakke”, su cajita con algo de pan con embutido, pasas, queso,…. Hasta las 2 o las 3 que vienen la mayoría de los padres (algunos vienen ya a las 12), los niños y niñas que no están haciendo la siesta juegan alrededor del “campo base” donde hay un gran número de ambientes: una cocina, una tienda, unas bajadas para las bicis, un refugio viquingo, una arena para los que necesiten luchar y desahogarse, una zona relax,…
El ambiente es relajado y agradable, el sitio es precioso. Me voy en mi bicicleta encantada de la experiencia. Gracias!!

  










Heike Freire

Pedagoga

"Quien se aleja de la naturaleza, se aleja también de sí mismo. Jamás podrá beber el agua fresquísima que mana de su fuente más íntima". Friedrich Nietzsche.

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