LAS RAÍCES DEL ACOSO ESCOLAR.

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Más allá de la conducta inaceptable de los agresores, el acoso no es tanto un problema individual como social. No está directamente relacionado con la infancia sino con la forma en que niños y niñas son tratados en las estructuras escolares y familiares. Educar es enseñar con el ejemplo.
De vez en cuando, salta a las páginas de los periódicos algún caso de acoso escolar. El baile de acusaciones entre familia y escuela inicia su ritmo: los padres culpan a los docentes de negligencia y presentan denuncias contra los centros; los fiscales abren expedientes solicitando penas para los niños; y muchos profesores están convencidos que la causa del problema son las familias disfuncionales o con dificultades. Se hacen análisis moralistas y superficiales que apelan a la “maldad” y la “crueldad” intrínseca de los acosadores, y se buscan soluciones rápidas para conseguir, con el mínimo esfuerzo, un máximo de rendimiento (como sanciones “ejemplares” para “disuadir” a los potenciales agresores). Tanto el origen como el posible remedio parecen encontrarse en los comportamientos individuales, mientras el contexto social, cultural e institucional rara vez es examinado y, mucho menos, puesto en tela de juicio. Desgraciadamente, existen pocos estudios que indaguen en las raíces profundas del acoso. Una investigación pionera de Royston Lambert, sobre los internados ingleses, encontró que había más casos de bullying, y de mayor gravedad, en las escuelas donde los equipos docentes utilizaban directa o indirectamente la violencia (la llamada “violencia estructural”, que Damián Szifrón ilustra tan bien en su película “Relatos salvajes”). Si una disciplina escolar mal construida hace que, como señalaba recientemente un grupo de alumnos de primero de la ESO “las personas que han sido humilladas por alguien más grande o más fuerte, necesiten denigrar a otro menos fuerte para sentirse mejor”, la solución no puede pasar por más de lo mismo. Las escuelas que han tratado con éxito el problema han conseguido implicar a sus alumnos en grupos horizontales: asambleas, círculos de convivencia, sistemas de mediación “entre pares” y tribunales escolares para gestionar los conflictos y, al mismo tiempo, educar en la responsabilidad social. El bullying no es un problema individual y los centros son un reflejo de la violenta sociedad en que vivimos. Pero eso no significa que no puedan hacer nada. Un acosador no nace, se hace. Cuando las personas son tratadas con respeto, aprenden a respetar.

Artículo publicado en el Periódico Escuela, marzo 2015

Heike Freire

Pedagoga

"Quien se aleja de la naturaleza, se aleja también de sí mismo. Jamás podrá beber el agua fresquísima que mana de su fuente más íntima". Friedrich Nietzsche.

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