BOCAS DE FRESA

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Uno de los ámbitos donde mejor se expresa el poder del mercado frente a la escuela, es el de la educación de género. Los 9.000 millones de euros al año que gastamos en productos para la infancia son un argumento imparable. Su calidad y los valores que promueven importan menos: todo lo que alimenta la desgastada y abúlica máquina de la economía hay que celebrarlo. La discriminación sexual ha dejado de ser una cuestión ideológica para convertirse en el resultado de una mercadotecnia estrictamente democrática que vende con inocencia “lo que piden los consumidores”.  Al parecer, las niñas de hoy aspiran a ser princesas, modelos y actrices; a salir en una peli, ponerse ropa chula y ser las más guapas. Quieren vivir entre algodones y corazones… y quizás, algún día, encontrar al Príncipe…
Junto a las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres (que, al parecer, ¡remontan al Paleolítico!) el éxito del color rosa y los salones de belleza para niñas son una prueba más de que los roles tradicionales responden a fuertes condicionantes genéticos. El nuevo machismo no escatima investigaciones y pruebas “científicas” para justificar sus insostenibles argumentos. 
Pero llegar a ser princesa exige numerosos sacrificios. Casi tres cuartas partes de las adolescentes están insatisfechas con su apariencia física y más de un tercio afirma seguir una dieta…En su anhelo por alcanzar el “estándar”, muchas niñas y jóvenes acaban sufriendo anorexia o bulimia, se embarcan en una violenta transformación de sus cuerpos (prótesis, cirugía vaginal…) o son víctimas de cualquiera de las muchas formas de (auto)vejación que les impone la cultura hipersexual, disfrazada de liberación femenina, en que vivimos. La inseguridad, el miedo, la impotencia y la vergüenza, acompañan el acceso a una identidad femenina desvalorizada, reducida a un mero objeto y sometida a la tiranía de la imagen.
Jugar a princesas no es una simple diversión: como todo juego es un proceso de aprendizaje holístico a través del cual las niñas imitan modelos, desarrollan capacidades, dan espacio a emociones y sentimientos, construyen su mundo y van asentando su personalidad. Por eso no basta con enseñarles a discriminar entre ficción y realidad como aconsejaba recientemente una psicóloga.

Heike Freire publicado en el periódico Escuela

Heike Freire

Pedagoga

"Quien se aleja de la naturaleza, se aleja también de sí mismo. Jamás podrá beber el agua fresquísima que mana de su fuente más íntima". Friedrich Nietzsche.

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