¿PARA QUÉ SIRVEN LAS ARTES?

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Algunos señores están convencidos de que las Bellas Artes no sirven para nada; creen que nos ocupan en asuntos banales y superficiales y nos distraen de las cosas realmente útiles e importantes. “La cultura es un adorno y el negocio es el negocio” sentenciaban los jefes del poeta-ingeniero Gabriel Celaya, cuando le pillaban componiendo unos versos. Tenía suerte porque otros, directamente habrían sacado su revolver…
Empujados por ese afán de pragmatismo y productividad, exigen que la escuela se centre en lo esencial: contar, calcular y emplear la mecánica lingüística para leer y escribir discursos lógicos (aunque sean incomprensibles y estén desprovistos de cualquier atisbo de sensibilidad). De esta forma se va estrechando cada vez más el vasto campo de los saberes humanos a los que pueden acceder nuestras niñas y jóvenes. Esto perjudica evidentemente a quienes tienen esas inclinaciones y preferencias, pero también a todos los demás porque el desarrollo infantil es un proceso global en el que se interconectan los diferentes planos de la vida, de modo que la práctica de las artes no solo tiene consecuencias para la sensibilidad estética, sino también para la vida emocional (constituye un importantísimo mecanismo regulador), intelectual y social.  Un sistema educativo que reprime el natural impulso creativo del ser humano solo produce ciudadanos unidimensionales, frívolos y previsibles, tal vez “buenos cristianos” pero sin Alma, es decir, sin la posibilidad de expresarla ni cultivarla. Sin dibujo, sin música, sin procesos artísticos y creativos despojamos a la infancia del placer de desarrollar su propio mundo sensorial con vivencias íntimas, personales e intransferibles que nadie, por mucho que lo intente, podrá nunca conseguir transmitirles.  Les privamos de la oportunidad de desarrollar paso a paso, de acuerdo a su biología, un tipo de pensamiento intuitivo y simbólico, pegado a lo concreto, que será la base de una inteligencia abstracta y unas capacidades críticas verdaderamente sólidas. Porque sentir y crear no nos hacen más vulnerables (ni más perezosos o “viciosos”) simplemente nos dan más opciones. Y a eso, queridos señores de la contrarreforma, se le llama ser libres.
(Publicado en el periódico Escuela)
















Heike Freire

Pedagoga

"Quien se aleja de la naturaleza, se aleja también de sí mismo. Jamás podrá beber el agua fresquísima que mana de su fuente más íntima". Friedrich Nietzsche.

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