HACIA UNA EDUCACIÓN MÁS DEMOCRATICA

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Queridas lectoras,
Hace unas semanas tuvimos la suerte de escuchar en Madrid a mi amigo Yaacov Hecht conferenciante internacional, especialista en educación democrática.
Algunas personas que no pudieron participar en las conferencias y talleres que impartió, me han pedido que comparta algunas de sus ideas.
No es fácil transmitir en un papel todo lo que Yaacov comunica con su presencia y su entusiasmo, con la solidez y la confianza que le otorgan más de 40 años dedicados a la educación y la innovación. Pero voy a intentarlo
Y como no sé muy bien por donde empezar, voy a transcribir algunos de los sueños de los 25 educadores y educadoras que participaron en una de las actividades:

- Que aprender sea siempre un proceso creativo,
- Más democracia real desde la infancia,
- Que la escuela sea el centro de la cultura en las ciudades y barrios,
- Que el currículo respete las capacidades y necesidades de los alumnos,
- Que cada niño y cada niña se sienta especial,
- Que la educación cambie y sea accesible a todos,
- Que su principal objetivo sea la felicidad...

Como ves, una de las primeras cosas que Yaacov nos propone es SOÑAR. Y su historia, la de un joven que fracasó en el sistema escolar y terminó siendo siete veces consejero del ministro de educación de su país, parece verdaderamente un sueño. La suya y la de muchos de sus alumnos y alumnas en la escuela democrática de Hadera que creó y dirigió durante casi 20 años. Personas especiales, con capacidades diversas que el sistema convencional es incapaz de reconocer y valorar. Como una niña hiperactiva y peleona, expulsada de varios centros, que jugaba al fútbol y cantaba maravillmente y que terminó convirtiéndose en una gran artista. O un niño desmotivado y "vago" al que solo le gustaba hacer surf y que acabó ganando la primera medalla de oro olímpica para su país. Relatos extraordinarios que suenan a "succès stories" porque apuntan al éxito social pero que para Yaacov son más bien "happy stories", ejemplos de cómo cada persona puede ser feliz cuando descubre y puede practicar aquello que la hace especial, lo que la apasiona o como dice Ken Robinson su ELEMENTO, el lugar donde confluyen su motivación y su talento. 
Porque, la buena noticia, es que como Yaacov y sus alumnos, todos somos seres únicos, con talentos y capacidades diversas y singulares. Todas venimos al mundo dotadas de un don especial para uno o varios de los incontables saberes que configuran el vasto campo del conocimiento humano.  Todas podemos enseñar y aprender. 
Pero en su necesidad de controlar, el sistema escolar acota ese vasto campo y lo reduce a una minúscula caja (el currículo obligatorio) donde coloca un poco de, por ejemplo, matemáticas, pero la mayor parte de las matemáticas están fuera. Un trozo de música (cada vez menos por cierto), pero la mayor parte de la música está lejos. Una pizca de historia, de lengua etc, etc, etc...
En esa caja coloca también a las personas; las obliga a dedicarse solo a lo que está dentro y es tal el hacinamiento que resulta imposible contemplar aquello que las hace únicas.
Con su presencia y sus vivencias Yaacov nos recuerda que soñar es posible. Que ese currículo al que tanto se aferran algunos, sin cuestionarlo nunca, puede convertirse en un plan de aprendizaje personal con el que cada alumno se dedique a cultivar lo que realmente ama. Y es desde ese respeto y ese amor a lo que está vivo dentro de nosotros que podremos brillar y ser felices incluso aunque no seamos famosos ni ganemos grandes fortunas. Porque vivir ya es bastante. Y como solía decir A.S Neill "Prefiero un barrendero feliz que un primer ministro neurótico".
 Otro proyecto con el que Yaacov me hace soñar y, en el que me recuerda al visionario Ivan Ilich, es el de las ciudades educadoras, lugares de aprendizajes compartidos en los espacios más insospechados como un café o una central eléctrica, donde se mezclan las generaciones y se juntan las pasiones, donde todos podemos ser profesores y alumnos porque, como dice Marina Escalona: "Aprendemos todos". Pero esa, es otra historia.

Heike Freire

Pedagoga

"Quien se aleja de la naturaleza, se aleja también de sí mismo. Jamás podrá beber el agua fresquísima que mana de su fuente más íntima". Friedrich Nietzsche.

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