EL VIAJE DE LAS HABAS

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La película "Una pastelería en Tokio" nos ofrece un ejemplo de otra forma de vivir, pensar y sentir el mundo, muy cercana a lo que Piaget llamaba pensamiento mágico infantil. Ese primitivo animismo es quizás lo que deberíamos recuperar para empezar a relacionarnos de una forma no-instrumental con la tierra. Para ponernos a su servicio, en lugar de emplearla siempre como recurso.

Primero hay que acogerlas, conseguir que se sientan en casa” susurra Tokué mientras cocina su extraordinario anko, la riquísima pasta de judías rojas, utilizada como relleno de los bizcochos “dorayakis”, que hará las delicias de su jefe y de todo el vecindario. La anciana protagonista de “Una pastelería en Tokio” (Naomi Kawase, 2015), sabe acercarse al alma de las cosas. Habita un mundo vivo, donde todos los seres, animados e inanimados, tienen conciencia, voluntad y sentimientos. Las habas le cuentan la historia de sus viajes desde los campos de cultivo hasta la tienda de ultramarinos: “cuántas lluvias y cuántos días de sol han visto estas judías” exclama asombrada; el sol, los pájaros y los árboles la saludan y conversan con ella cada mañana.
En línea con la tradición animista japonesa, Tokué nos ofrece una visión holística del mundo que no separa lo material de lo espiritual. Todo está dotado de espíritu y, hasta las cosas más insignificantes, merecen ser atendidas con sensibilidad, cuidado y respeto. Esta actitud intensifica su propia existencia, amplía y profundiza su capacidad de estar presente y le permite abrazar la alegría y la belleza que somos.  Aunque enferma, puede decirse que Tokué es una mujer feliz. Antes de morir, enseña a sus amigos, Sentaro y Wakana, que una vida buena es una vida con sentido, construida en torno a aquello que amamos: ¿cómo puedes vender dulces si ni siquiera te gustan? pregunta un día escandalizada a Sentaro. El dibuja en su rostro una sonrisa amarga. Un ser humano que no puede elegir, ni disfrutar con lo que hace, se convierte en un esclavo sometido al deseo de otro; o, peor aún, en un simple mecanismo a merced de sus propios impulsos, una naranja mecánica. Junto a la luz de la inteligencia y la razón, no podemos olvidar nuestra necesidad de conexión y armonía. De una espiritualidad liberada de dogmas, instituciones y cultos, que exprese nuestra capacidad de honrar y celebrar la vida. Solo así podremos salir de estas epidémicas crisis, de estos vacíos de ilusión y esperanza marcados por el mercantilismo, el individualismo a ultranza y la pérdida de valores humanos, sociales y ecológicos.  Educar-Sí pero, sobre todo, educar-Se.

Heike Freire

Publicado en el periódico Escuela






Heike Freire

Pedagoga

"Quien se aleja de la naturaleza, se aleja también de sí mismo. Jamás podrá beber el agua fresquísima que mana de su fuente más íntima". Friedrich Nietzsche.

3 comentarios:

  1. Hola Heike!!
    Hemos visto la pelicula con los niños y la veremos de nuevo. Preciosa. De merienda hicimos dorayakis con nocilla pero nos hemos propuesto hacerlos como en la peli.
    Un placer seguirte.
    Nur, mama de Joel, Ot y Arlet.
    Besos y abrazos de Santa Coloma

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  2. Hola de nuevo,
    Lo que transmiten los protagonistas es muy atentico y ojalá existiera un lugar así cerca de mi casa, no sólo por lo que venden, jeje, sino por el puestecito, por los cerezos en flor, por el pájaro, por todo.

    Muchos besos.


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  3. Hola Nur!!! Muchas gracias por tu comentario. Me alegro que os gustara la película y que hayáis podido disfrutarla en familia. En cuanto al lugar, es verdad que es muy hermoso. Se me ocurre que tal vez podáis encontrar en Santa Coloma algún rincón especial para "adoptarlo", cuidarlo y darle un pequeño toque japonés. Ya me contarás. Y si encuentras la receta de los dorayakis, estoy segura que a muchas nos encantaría compartirla. Un abrazo!

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