NOSTALGIA DE LA AUTORIDAD PERDIDA

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Es sabido que nuestra sociedad atraviesa una profunda crisis de valores. Los principios en los que se asentaba nuestra visión del mundo ya no funcionan: se produce un caos, una desorientación que puede llegar a ser dolorosa. En el proceso de transformación que precede al nuevo equilibrio, son frecuentes las resistencias, los desgarros y las polarizaciones.
Tal vez por su carácter esencialmente ético, la labor educativa es muy sensible a estas tensiones. En un vaivén pendular que marea y desalienta, voces airadas preconizan, periódicamente, la vuelta a la situación anterior. A veces por convicciones ideológicas pero, más generalmente, por una absoluta falta de reflexión. Ya sea un juez que reivindica el coscorrón para restaurar el “respeto” entre padres e hijos, o un ministro que pretende resolver los problemas de acoso imponiendo disciplina, el proceso suele ser el siguiente:  1.- Un personaje público lamenta lo inaceptable de la situación actual. 2.- Recuerda cómo eran las cosas cuando él o ella era niño. 3.- Concluye, claro está, que funcionaban mucho mejor, puesto que ella misma es una excelente persona. 4.- Preconiza las viejas recetas...
Cuesta aceptar que los padres y maestros de hoy no disfrutemos de la misma autoridad que tenían nuestros antepasados. A mis abuelos sus hijos y alumnos les trataban de usted y hoy los nuestros nos llaman por el nombre de pila. Vivimos en una sociedad que se pretende democrática, tratamos de practicar otros valores. Muchas personas quieren dejar de ser autoritarias, pero se encuentran sin herramientas, no saben cómo hacerlo. Es frecuente que caigan en el laxismo, en el "dejar hacer", en la pérdida de referencias. Esto es un error, pero también forma parte del camino necesario para pasar al otro lado. Para desarrollar nuevas formas de relacionarse con los niños, niñas y jóvenes desde la intimidad, la emoción, el diálogo, los acuerdos y una autoridad natural que se ejerce, en primer lugar, sobre una misma. Así se transforma la sociedad y se construyen aprendizajes útiles para todos. Dejamos de necesitar aferrarnos a un papel y crecemos como personas. Empezamos a ser más auténticas, más "humanas". Asumimos que no sabemos, que podemos equivocarnos. En fin, que cada cual elija su camino…

Heike Freire

Heike Freire

Pedagoga

"Quien se aleja de la naturaleza, se aleja también de sí mismo. Jamás podrá beber el agua fresquísima que mana de su fuente más íntima". Friedrich Nietzsche.

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