300 exámenes al año: ¿De verdad son necesarios?

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"No tengo ni idea de cómo aprendió a leer", respondió el educador inglés David Gribble durante una entrevista que mantuvimos hace casi dos décadas en Sands School. Me quedé estupefacta. ¿Qué clase de educador era aquel a quien no parecía preocuparle el progreso de sus alumnos ? ¿Qué les estaba enseñando? ¿Cuál era entonces su papel como maestro?
Tardé muchos años en darme cuenta que su actitud no respondía a una negligencia en el ejercicio de su profesión sino a una voluntad, consciente y meditada, de confiar y respetar al máximo los procesos de los alumnos permitiéndoles disfrutar de ellos. El simple hecho de intentar controlar el aprendizaje de los niños lo convierte en trabajo en lugar de placer y disfrute.
Hoy todo parece ir en sentido contrario y los estudiantes tienes cada vez más exámenes. Unos 300 por curso, entre controles, parciales, finales, recuperaciones, evaluaciones diagnósticas...y test de orientación.
La tendencia es además, a administrar pruebas cada vez más tempranas. Las cifras de los exámenes se han convertido en un indicador de competitividad entre los estados y sus resultados recuerdan a los de las ligas de fútbol. Lo que las estadísticas no cuentan es el estrés y el sufrimiento de los niños y adolescentes, ni el elevado índice de los que, incapaces de soportar la presión, deciden tomar algún tipo de fármaco o incluso suicidarse. Corea, por ejemplo, es uno de los primeros países en las listas de PISA, pero también en los estudios sobre infelicidad infantil. La manía de los test y las puntuaciones está asfixiando a alumnos y profesores. Muchos deciden negarse a administrar las pruebas de medida del progreso académico que les imponen los gobiernos. Argumentan que no es bueno para los estudiantes, resulta inútil para valorar los progresos reales en el aprendizaje, consume horas lectivas que podrían dedicarse a actividades más interesantes, y es muy costoso. Máxime cuando EXISTEN enfoques de evaluación más abiertos, continuos y vinculados con el aprendizaje.
Sin duda los exámenes son una de las principales causas de estrés, baja autoestima, depresión y otros problemas psicológicos en la infancia. No ofrecen las condiciones adecuadas para que una persona de lo mejor de sí. En lugar de medir sus habilidades reales, evalúan su capacidad para enfrentarse a situaciones de tensión, una variable que depende más de la calidad y calidez de su entorno familiar y afectivo, que del aprendizaje.
Estas son algunas de las razones que presenta el movimiento Students Agains Test, que está tomando fuerza en EEUU y otras partes del globo:
- Son un negocio para las editoriales,
- No resuelven los problemas educativos,
- Penalizan a los alumnos diferentes (de clase baja, de otras culturas, etnias etc)
- Se les concede una importancia exclusiva y desmesurada, llegando a sentenciar la trayectoria vital de una persona,
- Producen estrés y depresión
- Convierten las escuelas en fábricas de resultados y diplomas, donde los estudiantes son solo un número.
Curiosamente, cuando se pregunta a los alumnos por los exámenes suelen ser bastante conservadores, muy poco incendiarios. No piden que se eliminen definitivamente en pro de formas de evaluación más cualitativas y provechosas. PIDEN QUE SE RACIONALICEN. Que se elimine el EXCESO DE CONTROL. Y se combine con otros criterios.
Si solo les escucháramos...

Heike Freire 

Heike Freire

Pedagoga

"Quien se aleja de la naturaleza, se aleja también de sí mismo. Jamás podrá beber el agua fresquísima que mana de su fuente más íntima". Friedrich Nietzsche.

1 comentario:

  1. MI hijo con 6 años, a punto de empezar el tercer trimestre de su primer curso de primaria, ya ha hecho más de 15 controles...
    Y me pregunto yo ¿de qué? ¿para qué? Se supone que este año tiene que aprender y afianzar la lectoescritura y el cálculo básico. Pero tiene su aprendizaje repartido en ¡9 asignaturas! de las cuales sólo dos horas a la semana de ejercicio físico y una hora de "plástica". Sólo una triste hora para la creatividad...Y, por supuesto, deberes casi todos los días.
    Ya no le gusta el cole. Me dice que se aburre. Pena me da, tan pronto...

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