EDUCAR PARA APROBAR: ¿Cuenta todo lo que se puede contar?

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Hace unas semanas, la madre de una joven que obtuvo excelentes calificaciones en la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), manifestaba su profunda decepción con los resultados: todos aquellos años de esfuerzo reducidos a su mínima expresión, a unas cifras impersonales, grises y frías. Más allá de las oportunidades que parecen abrirse para su hija, esas esperadas puntuaciones ocultan una infancia muchas veces frustrada en su necesidad de juego, entregada por completo a la jornada escolar: “Ha sido como llenar un tarro poco a poco de conocimientos, no siempre los mejores, pero sí los necesarios e impuestos para perseguir una maldita nota”, lamenta desde las páginas de un conocido diario. En su vivencia, los números esconden emociones, ilusiones, conquistas, ausencias, sacrificios… y dejan un poso de amargor, la sensación desoladora de una victoria pírrica, de haber ganado una carrera “a ninguna parte”.  
Es la vida simplificada, medida, cuantificada, monitorizada y, por supuesto, controlada hasta la saciedad. Condensada, por ejemplo, en la serie del DNI, un super-código QR que, muy pronto, contendrá el resumen de todo “lo que somos”: fecha de nacimiento, ingresos anuales, tarjetas de débito y crédito, pólizas, matrimonios y divorcios, hijos, coches, casas, inversiones, publicaciones, operaciones quirúrgicas, amigos en FB… Un mundo mágico de símbolos y signos, de variables “discretas” que nos hacen “tocar” lo real y concreto. Pero también de abstracciones que eluden la continuidad, el entre-dos, los infinitos decimales, los espacios mínimos que permiten transitar de A a B y de Do a Re, pasando por un sin fin de microtonos. Detalles, gestos, menudencias vitales que solo nuestro delicado sistema sensorial (no los circuitos de una máquina) es capaz de registrar; que constituyen, a fin de cuentas, la sal de la existencia.
Al igual que otros ámbitos de esta sociedad de la información, la escuela soporta, actualmente, una creciente inflación de cifras que desplazan la reflexión sobre las cualidades, generando dificultades a la hora de nombrar lo que verdaderamente importa: las sensaciones, los estados de ánimo, los sentimientos, los deseos, los gustos e intereses, los talentos, las actitudes, los sueños... Sobreabundancia de números que expresan, como mucho, afectos binarios,  tener o no tener, ganar o perder, pasar o no pasar, hacer o no hacer: ¿Cuántas asignaturas tienes?, ¿Cuántas te quedan?, ¿Y los exámenes?, ¿Qué nota media necesitas?, ¿Cuántas décimas?, ¿Cuántas horas lectivas?, ¿Cuántos grupos? ¿Cuántos alumnos?, ¿Qué porcentaje de aprobados?, ¿Y de suspensos? ¿Cuántos puntos? ¿Qué puesto en el ranking? ¿Qué porcentaje de repetidores? ¿De graduados y promocionados?...
Hasta el punto que muchos estudiantes, a la inocente pregunta “¿Qué tal te va?” reaccionan con un defensivo: “Las voy aprobando todas”. Aunque lo que queríamos saber es cómo se sienten, si están satisfechos, en qué proyectos andan o con qué cosas se entusiasman.
En su conocido ensayo sobre la esencia de la técnica, Martin Heidegger afirmaba que el cálculo es el corazón de ese importantísimo fenómeno humano: significa pasear por un bosque y, en lugar de contemplar su belleza, de componer un poema, o tararear una canción, afanarse contando las toneladas de madera (y los beneficios monetarios) que podrían obtenerse al talar los troncos de los árboles.
Junto a esa mirada “extractiva”, es posible también acercarse a la educación desde una perspectiva más cualitativa, atenta a los relatos, los sentimientos, las vivencias y experiencias, los saberes, las cualidades del aprendizaje y las tonalidades de la relación educativa. Un enfoque sensible a las continuas, sutiles y minúsculas variaciones, a la diversidad polifónica y siempre cambiante que es la vida. Porque, como suele decirse, no todo lo que se puede contar cuenta, ni todo lo que cuenta, se puede contar…, menos aún con cifras.

Heike Freire

Heike Freire

Pedagoga

"Quien se aleja de la naturaleza, se aleja también de sí mismo. Jamás podrá beber el agua fresquísima que mana de su fuente más íntima". Friedrich Nietzsche.

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